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ARTE URBANO

Curiot en acción (Urban Nation).
En la escena del arte urbano mexicano existe un universo que se puede reconocer a simple vista. Y no es ni el de Ale Poire ni el de Seher One: es el de Curiot, seudónimo artístico de Favio Martínez, creador de criaturas que remiten a dioses y deidades ancestrales, atravesadas por una explosión de colores, pelajes y plumas.
La escena del arte urbano en México es una catarata de figuras que crece cada día más y se posiciona como una de las más ricas y sorprendentes a lo largo y ancho de Latinoamérica, codo a codo con países de la talla de Argentina, Brasil y Colombia: desde Ale Poire y Sego y Obval, pasando por nombres como Saner, La Chilanga y Seher One hasta Smithe y Cix. Y en ese desfile de estrellas mexicanas de la pintura y el muralismo, uno de los nombres más destacados es el de Favio Martínez, más conocido bajo su seudónimo artístico de Curiot.

Criaturas, colores y detalles: los pilares del arte de Curiot (Arthive).
Con un estrecho vínculo con el arte desde su infancia, Curiot se consolidó como uno de los artistas contemporáneos más singulares de México. Un universo artístico habitado por animales fantásticos que conviven e interactúan con pequeños seres humanos, construyendo escenas que parecen salidas de un mito ancestral.
El estilo del artista oriundo de Michoacán se caracteriza por una explosión de color, una minuciosidad casi obsesiva por el detalle y criaturas cubiertas de pelaje, plumas y penachos que parecen moverse con el viento, dotando a cada obra de una sensación de vida constante.

“Quetzen-Tul con una canica más” de Curiot (Daniel Espinoza Cisne).
Las figuras que pueblan sus murales y pinturas remiten de manera directa a los dioses y deidades veneradas por las culturas antiguas, aunque reinterpretadas con una mirada contemporánea y personal. A través de estas referencias, Curiot no solo recupera símbolos del pasado, sino que los resignifica para dialogar con el presente. Sus criaturas funcionan como guardianes, narradores y testigos de la relación entre la humanidad y la naturaleza.
Más allá de su potente estética, la obra de Curiot también es una herramienta de reflexión: en sus composiciones aparecen críticas al consumismo desmedido, a la contaminación, al impacto del ser humano sobre el entorno natural y al exceso de imágenes.
Las raíces de Curiot en el camino del arte se encuentran en su niñez, donde dibujaba desde pequeño: con tan solo diez años de edad, el nacido en Michoacán realizó su primera intervención cuando un amigo de su infancia le pidió que le hiciera una cuadro. A partir de ese encargo, la aventura de Favio en el mundo de la pintura no solo se vio potenciada, sino que fue el punto de partida para lo que luego se transformaría en una gloriosa carrera dentro del universo de los murales.
La pasión del mexicano por el skateboarding y las patinetas fue un punto de enlace hacia el mundo del arte urbano, que no solo le acercó la cultura sino también lo codeó con distintos movimientos que luego serían parte de su vida cotidiana.
El arte de Curiot en los muros mexicanos (StafMagazine).
Posteriormente, el mexicano estudió la carrera de Artes Visuales en la ciudad de Michoacán y decidió adentrarse en el mundo artístico porque no se veía así mismo en otra profesión. Y el resto es historia: el currículum no paró de crecer, adoptó un estilo propio y se convirtió en uno de los grandes exponentes a nivel nacional.
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