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ARTE URBANO

Conoce a Erika Fredelle.
La artista visual mexicana Fredelle desarrolla una práctica que se despliega entre la pintura de caballete y el muralismo en el espacio público, un territorio que habita de forma constante desde hace aproximadamente ocho años. Su obra se caracteriza por un lenguaje onírico, una exploración sostenida del color y una relación directa entre la pintura, el tiempo y la experiencia vital.
En su obra aparecen de manera recurrente la impermanencia, la relación entre el tiempo y el color, y la unidad. Estos temas están atravesados por una dimensión espiritual que estructura su mirada y su forma de crear. “Mi trabajo está cargado de la espiritualidad que me sostiene”, afirmó, al explicar que desde ese eje puede abordar distintos temas sin perder coherencia.
Para Fredelle, el muralismo es una forma de acercar la pintura a contextos donde no siempre existen otras opciones de acceso al arte. “Parte del valor de hacer un mural en el espacio público reside en su relación con el contexto”, sostuvo.
El proceso creativo de Fredelle comienza en la imaginación y no responde a pasos fijos. Las ideas se desarrollan a través de conversaciones con colegas, bocetos intuitivos y fotografías de referencia. Durante la ejecución, la obra se mantiene abierta al cambio. “Para mí es importante dejar que sucedan cosas y no quedarme con la idea inicial”, señaló.
En su práctica de muralismo, el espacio no funciona como un soporte neutro sino como un interlocutor activo. “Me parece lindo que el mural dialogue con la arquitectura”, explicó. Una idea que estructura su manera de intervenir incluso cuando los muros no son elegidos por ella.
En festivales y comisiones, donde los espacios suelen estar previamente asignados, el desafío consiste en leer el entorno, atender el formato, las dimensiones y lo que ocurre alrededor del muro para potenciar sus cualidades.
“RESCATE”, mural realizado para Casa Lacustre, inspirado en la solidaridad colectiva y en la idea de que cuando alguien vence el miedo, el logro se vuelve compartido.
El primer acercamiento de Fredelle al arte ocurrió durante la infancia, impulsado por un interés instintivo por el dibujo y la pintura, acompañado por un entorno familiar que promovía el contacto con exposiciones y museos. Años más tarde, durante la adolescencia, el graffiti y el street art despertaron una nueva forma de entender la pintura y el espacio.
El surrealismo fue una de las primeras corrientes que influyeron en su formación visual, pero su desarrollo creativo se vio profundamente marcado por haber crecido en un contexto atravesado por la cultura urbana. “Haber crecido en una época donde nos llamaba mucho la atención la cultura urbana fue un parteaguas”, explicó, al referirse a un momento clave en la construcción de su identidad artística.
A estas referencias se suman los libros, el cine, los viajes y la observación de la vida cotidiana. En su universo visual conviven influencias del street art, como Aryz, Sainer, Herakut y Manolo Mesa, con la pintura de caballete de artistas como Joaquín Sorolla, Turner, Hopper, Magritte, Nicolás Antoniou y Phil Hale.
La identidad latinoamericana atraviesa su obra sin imponerse como consigna explícita. Fredelle afirmó que “México es un país surreal y mi obra está cargada de ese lenguaje onírico”. Esta percepción se manifiesta tanto en la construcción simbólica de las imágenes como en la atmósfera que generan. Las figuras humanas que aparecen en su trabajo remiten claramente a identidades latinas, aunque ese rasgo surja de manera orgánica y no como un objetivo conceptual predefinido.
La elección de materiales responde tanto a las condiciones de cada espacio como a una búsqueda constante de exploración técnica. En el espacio público, utiliza pintura acrílica y aerosol, mientras que en el taller trabaja con óleo.
Mural realizado para el Festival Internacional de la Cultura Campesin en Cubará, Colombia.
La comunidad artística ocupa un lugar central en su recorrido. En ese sentido, Fredelle comentó que “disfruto mucho interactuar con otros artistas urbanos”, y destacó el valor del intercambio, las conversaciones profundas y el acompañamiento dentro de la escena.
Sobre el presente del arte urbano en Latinoamérica, La artista observa un crecimiento en la autogestión y en la posibilidad de vivir de la práctica, junto con la necesidad de condiciones dignas, diversidad estética y una valoración más profunda del arte en la sociedad.
Mural Cuicatlán, Oaxaca/ Festival de Arte.
Para cerrar, dejó una reflexión “la expresión creativa no solo ayuda a vaciar entendimientos, también es una herramienta para construir lo que soy”. Esto condensa aprendizajes como la confianza personal, la importancia de las pausas dentro del proceso creativo y el cuidado de la vida cotidiana.
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