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ARTE URBANO
[Imagen], por Idartes en casa.
La ciudad Bogotá se afianza como una capital de arte urbano en América Latina, y su Museo Abierto (MAB) es una reiteración de esta vocación al abrir sus calles y corredores a las expresiones artísticas de más de 900 creadores y colectivos. Con una propuesta que promueve la apreciación del arte y, al mismo tiempo, la recuperación del espacio público, el MAB acerca obras visuales a los ciudadanos, integrándolos como participantes activos en la construcción de un sitio más enriquecido culturalmente. La programación cuenta con recorridos gratuitos para que el público descubra las múltiples intervenciones realizadas en diferentes puntos emblemáticos.
La serie de recorridos gratuitos permiten explorar las intervenciones artísticas en los corredores priorizados por el Distrito, como la Avenida El Dorado, la Calle 80, y la Carrera 13. Estos trayectos requieren inscripción previa y se llevan a cabo en horarios específicos. De esta forma, se involucra a los espectadores en una experiencia que conecta a la comunidad con los espacios intervenidos.
La programación del MAB incluye diferentes estrategias para consolidar las prácticas artísticas y la integración ciudadana. El Festival de las Artes Visuales, el Distrito Grafiti, el Inventario de Superficies para el Arte Urbano y la Unidad de Reacción Artística Inmediata son algunas de ellas. A través de estos programas, se abrieron más espacios para que los artistas desarrollen sus proyectos en superficies autorizadas. Así, se llevó adelante la apropiación del espacio público mediante el arte, lo que significó una contribución a que las prácticas de grafiti y muralismo se integren al paisaje urbano alineándose con los intereses y valores de la comunidad.
El MAB transforma visualmente la ciudad e impulsa una conversación sobre el valor de estas expresiones en espacios históricamente percibidos como inseguros. Ciertos artistas como Juan Camilo Muñoz, conocido como Cos’One, encontraron una plataforma para sus creaciones y para cambiar la visión del grafiti en Bogotá. Estas iniciativas logran que el arte urbano colombiano alcance una relevancia internacional. Además, para autores como Diego Sisco, el MAB es una oportunidad de generar memoria y resignificación en los lugares intervenidos.
[Imagen], por Galería Santa Fe.
Para asistir a los recorridos, la inscripción se realiza mediante un formulario en línea, donde se puede seleccionar la fecha y hora de preferencia. Las jornadas son en puntos claves del MAB, como la Carrera 10 y la Calle 80, así como en la Avenida Caracas y la Carrera Séptima. Este acercamiento directo entre los ciudadanos y las obras, promueve la reflexión sobre el arte y su rol en el tejido social de Bogotá. De esta forma, el museo logró ser una iniciativa que exhibe obras, fomenta el sentido de pertenencia y el aprecio por la creatividad en la vida cotidiana de la ciudad.
El MAB contribuye al embellecimiento de Bogotá y su impacto también se sintió en la seguridad y convivencia. Según datos, el proyecto logró una disminución del 41% en denuncias delictivas. La inversión superó ampliamente el millón de dólares, permitió recuperar áreas consideradas inseguras y las convirtió en espacios confiables. Esta sinergia fomentó un cambio cultural, donde el arte urbano cumple la función de transformar la percepción de los habitantes y transeúntes sobre su entorno.
[Imagen], por Radio Nacional de Colombia.
El Museo Abierto de Bogotá fue clave para el desarrollo del arte urbano y una intensiva transformación social. Al reunir a cientos de artistas y colectivos en torno a la creación y el disfrute de intervenciones artísticas en el espacio público, revitalizó zonas olvidadas y construyó un legado de cambio cultural. En cada obra se encuentran mensajes que resuenan en las calles de Bogotá, dan voz a sus habitantes y conectan con la ciudad.
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