
Conocé este lugar en Argentina donde las creaciones superan los 13 kilos. Sin dudas, hay un nuevo campeón de la abundancia en la región.
GASTRONOMÍA

Un legado de sabor artesanal porteño que conquista el mundo [Imagen], por Clarín.
Fui a Cadore un día de semana, después de comer, con tres amigos. Éramos cuatro y todos llegamos con la misma idea previa, esa frase que circula como un mantra entre locales y turistas: la mejor heladería del mundo. Ninguno era ajeno al nombre, pero sí a la experiencia. Y en Buenos Aires, una ciudad donde el helado es casi una religión, esa promesa merece ser puesta a prueba.
La heladería Cadore está ubicada en Avenida Corrientes 1695, en plena Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dentro de la zona de los teatros, uno de los polos culturales y gastronómicos más emblemáticos de la capital argentina. El local es chico, discreto, no llama la atención desde lo arquitectónico ni desde la cartelería. Sin embargo, se identifica rápido por un detalle imposible de ignorar: la fila.
Era un día de semana y aun así había cola. Una fila constante que avanzaba lento sobre la vereda y que, según pude comprobar, no es una excepción sino parte del paisaje habitual. Cadore tiene algunas pocas mesas afuera, también sobre la vereda, pero se ocupan enseguida. El espacio interior es reducido y no alcanza para contener la cantidad de gente que entra y sale.
Al ingresar, la dinámica es la de cualquier heladería tradicional porteña. Primero la caja, después el mostrador. Vasitos, cucuruchos, cuartos, medios kilos, kilos, todas las opciones habituales y una amplia variedad de sabores. Nada forzado ni sobreactuado.
Detrás del mostrador, donde sirven los helados, se ven placas, reconocimientos y menciones. Una evidencia silenciosa del posicionamiento internacional que Cadore fue construyendo con los años y una de las razones por las que, a cualquier hora, hay gente esperando su turno.
Cadore no tiene sucursales, su única ubicación es Avenida Corrientes 1695 [Imagen], por Facebook/ @travelbuenosaires.
Pedí un cucurucho con dos sabores, chocolate amargo y dulce de leche. Fui a lo clásico, sabores que no tienen margen para el maquillaje. El primer bocado ya confirmó la calidad. El helado es muy cremoso, de textura suave, con sabores definidos y profundos.
Decir que es la mejor heladería del mundo puede sonar exagerado porque el gusto es subjetivo, pero sí puedo afirmar que es uno de los mejores helados que probé. Compite con cualquiera, sin dudas. Es una experiencia que repetiría y que recomiendo.
Sabores llamativos
Analicé la extensa variedad de sabores en profundidad y algunos llamaron mi atención por su singularidad como el Marron Glacé con castañas en almíbar, la especiada Crema Chai a base de té negro, los Higos con nueces, el Strudel con manzana, nuez y canela y el Panettone, que remite directo a la repostería italiana.
Si querés conocer más sobre Cadore, visitá su página web: https://heladeriacadore.com.ar/
La fama de Cadore no es casual ni local. Su excelencia fue reconocida por algunas de las guías y plataformas más influyentes del mundo.
En 2017, National Geographic incluyó a Cadore en su listado de las 10 mejores heladerías del mundo, dentro de la publicación Food Journeys of a Lifetime. El reconocimiento destacó la tradición artesanal, la calidad de los ingredientes y la historia de un sueño inmigrante italiano convertido en ícono porteño, subrayando la fidelidad a las recetas originales transmitidas de generación en generación.
En agosto de 2024, Taste Atlas ubicó a Cadore entre las 100 mejores heladerías del mundo. El ranking puso especial énfasis en su dulce de leche granizado, al que describió como una obra maestra y un símbolo del helado argentino. También valoró la adaptación de técnicas tradicionales italianas a los paladares locales mediante ingredientes de primera calidad.
Junto con las heladerías argentina Scannapieco y Rapanui, Cadore destaca por su dulce de leche en el top 100 mundial [Imagen], por TN.
En TripAdvisor, Cadore mantiene calificaciones consistentemente altas y una reputación sólida entre viajeros de todo el mundo. Los comentarios resaltan la cremosidad de los helados, la autenticidad de los sabores y la experiencia como una parada obligatoria en Buenos Aires.
La historia de Cadore comenzó en 1957, cuando Silvestre Olivotti, inmigrante italiano proveniente de la región del Véneto, del pueblo de Cadore, abrió la heladería en Avenida Corrientes. El objetivo fue claro desde el inicio: ofrecer helado artesanal auténtico hecho con recetas tradicionales y procesos heredados de su tierra natal. Ese compromiso sentó las bases de un legado que se mantiene hasta hoy.
La heladería está abierta de lunes a domingo, de 12:00 a 00:00, con una extensión habitual pasada la medianoche debido a la alta concurrencia. Se puede llegar fácilmente en subte línea B, bajando en las estaciones Callao o Uruguay, y también a través de las múltiples líneas de colectivo que recorren la Avenida Corrientes.
También puede interesarte

Conocé este lugar en Argentina donde las creaciones superan los 13 kilos. Sin dudas, hay un nuevo campeón de la abundancia en la región.

Una estrategia milimétrica y un sabor inédito ¿qué tuvo esa creación exclusiva que logró lo imposible ante el jurado más severo del planeta?